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La era Homelander: cómo la ultraderecha convirtió el exceso en poder

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En el final de la tercer temporada de The Boys , Homelander (probablemente el mejor villano de lo que va del siglo, obviamente después de Hans Landa) mata a un manifestante frente a una multitud. No hay doble interpretación. No hay ambigüedad moral. Todo ocurre a la vista del público y de las cámaras. El rayo láser atraviesa la cabeza del disidente y el cuerpo cae. Durante unos segundos, el silencio pesa. Luego alguien aplaude. Y el aplauso prende como chispa en pasto de verano. La escena es brutal, no por la violencia en sí, sino por el espejo incómodo que pone frente a nuestra propia realidad. En 2016, Donald Trump declaró que podría “pararse en medio de la quinta Avenida y disparar a alguien” sin perder votantes. No era (solamente) una hipérbole torpe de las que no tiene acostumbrado, era una afirmación descarnada sobre el vínculo entre líder y masa. La lealtad ya no depende de la legalidad ni de la moral pública, sino de la identificación emocional. El exceso no debilita: cohesiona...

Barcelona, posa’t guapa...que estás a la venta!

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Crónica de una ciudad en venta y su nuevo producto estrella: El Prat. En los años noventa, la tanda publicitaria hablaba. En la imagen una joven (obviamente guapa, obviamente blanca, obviamente espigada) se maquillaba a toda prisa mientras una voz en off le rezaba “Barcelona, posa’t guapa” 1 . La consigna parecía inocente (aunque un poco machista vista en perspectiva) pero bajo esa inocencia se ocultaba el comienzo de una transformación profunda: la ciudad no se embellecía para sus vecinos, sino para sus futuros compradores. La campaña fue un éxito. De la Barceloneta al Raval, del Eixample a Sant Andreu, el ayuntamiento se puso a lavar fachadas como quien maquilla un rostro antes de una cita importante. Detrás del lifting urbano, sin embargo, comenzaba a fraguarse una operación mucho más ambiciosa: Barcelona ya no quería ser simplemente una ciudad. Quería ser una marca. Kapuściński escribe que las ciudades tienen alma, pero que esa alma puede perderse si se las obliga a representar alg...

Entre dos patrias,ninguna: Sobre el dolor del migrante, la politica de Gastarbeiter y el rock turco

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“Gurbet” (Ozdemir Erdogan) Cuando Özdemir Erdoğan canta Gurbet, no canta, arrastra el alma. Dice: Kime desem derdimi ben bulutlar Bizi dost bildiklerimiz vurdular Bir de gurbet yarası var, hepsinden derin (¿A quién le cuento mis penas, nubes? Aquellos que creíamos amigos nos traicionaron. Y la herida del exilio es más profunda que todas.) Y una cosa queda clara, incluso sin entender una palabra de turco: esa canción no se escucha, se sobrevive. Corría el año 1961 cuando Alemania Occidental, todavía sacudiéndose el polvo de la posguerra, firmó un acuerdo con Turquía. El país necesitaba manos para sostener su repunte económico, y Turquía, con una población joven y desempleada, ofrecía una solución fácil. Así nació el programa Gastarbeiter 1 (literalmente trabajadores invitados). La ecuación era fácil: iban a trabajar, a ahorrar, a volver. O eso se les prometía. Alemania no los consideraba como inmigrantes, mucho menos como futuros ciudadanos. Eran fuerza de trabajo descartable, sin lugar...