Barcelona, posa’t guapa...que estás a la venta!
Crónica de una ciudad en venta y su nuevo producto estrella: El Prat.
La campaña fue un éxito. De la Barceloneta al Raval, del Eixample a Sant Andreu, el ayuntamiento se puso a lavar fachadas como quien maquilla un rostro antes de una cita importante. Detrás del lifting urbano, sin embargo, comenzaba a fraguarse una operación mucho más ambiciosa: Barcelona ya no quería ser simplemente una ciudad. Quería ser una marca.
Kapuściński escribe que las ciudades tienen alma, pero que esa alma puede perderse si se las obliga a representar algo que no son. Barcelona, en su afán de ser cosmopolita, olímpica, europea, empezó a desdibujar su acento. Los bares de toda la vida fueron reemplazados por locales de comida internacional, los barrios se llenaron de hostales, y las casas donde se tejía la memoria comenzaron a cotizar en portales de inversión inmobiliaria. El turismo, hizo del centro una postal sin fondo. Una fachada más. Y a los locales nos convirtió en figurantes de una historia que no iba con nosotros.
Y aun faltaba la joya de la corona: El aeropuerto!
La ampliación del Prat no es una cuestión técnica ni de infraestructuras: es una declaración ideológica y principios. Bajo el disfraz del progreso, se propone un nodo para más vuelos, más pasajeros, más velocidad. Como si el problema de Barcelona fuera que llega poca gente, y no que ya no se puede vivir más en ella. Un aeropuerto más grande no es sólo una obra: es una visión del mundo. Una en la que se glorifica el movimiento permanente y el consumo sin arraigo. Una que necesita expulsar al que molesta.
Hace apenas unos meses, decenas de personas sin techo fueron desalojadas del aeropuerto, donde habían encontrado un refugio precario en las zonas de paso 2. Su presencia era un recordatorio incómodo de que, incluso en el lugar más aséptico y funcional, la miseria se cuela por las rendijas. Pero la nueva Barcelona (la aséptica y funcional) no puede permitirse esos recordatorios. Hay que limpiar. Hay que embellecer. Hay que esconder.
En ese gesto de expulsar a los sin techo para que visitantes no se espanten (esta campaña de limpieza empezó casualmente la semana previa al world mobile congress) se condensa toda la brutalidad de esta ciudad contemporánea: Barcelona se ha vuelto un lugar que expulsa al incómodo y premia al inversor. Una ciudad sin memoria, sin personalidad, que no sabe ya si habla en catalán, en inglés o en el lenguaje de una carta repletó de matchas teas y eggs Benedict.
Un aeropuerto es el triunfo del capitalismo. Es el lugar donde nadie está, pero todos pasan. Espacios sin alma, sin historia, donde todo se vive deprisa y nada permanece. En el aeropuerto no hay comunidad, ni cuidado, ni red de contención. Solo tránsito. Solo consumo. Solo vigilancia. Y ese modelo, que era excepcional, se ha convertido en norma. Si nos ponemos a pensar, no hay nada más representativo de la Barcelona actual que el aeropuerto del Prat.
La ciudad está en venta. Y no es una metáfora. Cada metro cuadrado se cotiza como oro, y cada rincón con “encanto” se transforma en contenido para Instagram o en destino Airbnb. Lo que antes era identidad (la rambla con su caos, el mercado con su olor, el callejón con su sombra) ahora es decorado. Se vive en una escenografía. El guapo que se nos pedía en los noventa ha terminado siendo un disfraz.
Pero hay una incomodidad que no se borra. Un murmullo entre las cloacas. Porque una ciudad no se rinde del todo. En los centros sociales desalojados y vueltos a ocupar, en los desahucios evitados 3, en las pancartas contra el turismo masivo, en las manifestaciones por un alquiler digno, late una resistencia que no se quiere dejar vender. Un recordatorio de que Barcelona no es solo un lugar: es un tejido de vidas, historias, contradicciones. Y ese tejido, aunque lo intenten rasgar, sigue dando calor.
1: Barcelona, ponte guapa” fue una campaña municipal lanzada en 1986 para rehabilitar fachadas y embellecer el espacio público de cara a los Juegos Olímpicos de 1992. Aunque contribuyó a la mejora del entorno urbano, también se inscribe en una lógica de maquillaje estético orientada a la proyección internacional de la ciudad, en detrimento de las prioridades sociales locales.
2: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20250226/operacion-policial-aeropuerto-barcelona-desalojo-personas-sin-hogar-114692240
3:https://elpais.com/espana/catalunya/2025-01-31/centenares-de-vecinos-se-plantan-contra-el-desahucio-de-la-casa-orsola-tras-pasar-la-noche-acampados.html

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