La era Homelander: cómo la ultraderecha convirtió el exceso en poder
En el final de la tercer temporada de The Boys , Homelander (probablemente el mejor villano de lo que va del siglo, obviamente después de Hans Landa) mata a un manifestante frente a una multitud. No hay doble interpretación. No hay ambigüedad moral. Todo ocurre a la vista del público y de las cámaras. El rayo láser atraviesa la cabeza del disidente y el cuerpo cae. Durante unos segundos, el silencio pesa. Luego alguien aplaude. Y el aplauso prende como chispa en pasto de verano. La escena es brutal, no por la violencia en sí, sino por el espejo incómodo que pone frente a nuestra propia realidad. En 2016, Donald Trump declaró que podría “pararse en medio de la quinta Avenida y disparar a alguien” sin perder votantes. No era (solamente) una hipérbole torpe de las que no tiene acostumbrado, era una afirmación descarnada sobre el vínculo entre líder y masa. La lealtad ya no depende de la legalidad ni de la moral pública, sino de la identificación emocional. El exceso no debilita: cohesiona...